jueves, 26 de junio de 2008

Hablar ahora... o callar para siempre...


No me considero una persona irreverente en exceso ni con tendencias radicales, pero no me quedo callado cuando algo me parece molesto. Podríamos llenar páginas y páginas y pasar horas y horas hablando sobre cualquier asunto político del país y el mundo; el debate energético, la violencia, la millonada del gabacho, los 30 millones (ya devueltos, de acuerdo, pero eso no quita la arbitrariedad y estupidez de nuestro “bien ponderado” señor gobernador, don Emilio González Márquez), y cualquier asunto que el panorama surrealista, incoherente, irónico y absurdo de la política mexicana nos da día con día, pero hoy, estoy hablando de la famosa ley del IFE, que aprobaron PAN, PRI y PRD, que indica que ningún mexicano, sea cual sea su caso (ya se verá que esto no aplicará a ciertos hombres de vestidos largos y miradas ceñudas que opinan de todo lo que se les ponga enfrente), podrá opinar “libremente” sobre política en prensa escrita, radio o televisión, a menos que pertenezca a algún partido político o a alguna institución afín.
Pues bien, no se ustedes, pero ¿que acaso no había algo llamado “libertad de prensa”, que se suponía existía en este nuestro bien preciado país? Quizás peco de ingenuo; esa libertad realmente nunca ha existido, sólo falta ver cómo hay periodistas, literatos, profesores, gente que suele usar su cerebro para algo más que ir al baño y ver fútbol, que han sido “callados” de la manera más atenta cuando dijeron algo que no debían. Ahí está la periodista Carmen no se qué, lo siento, que fue despedida de su empresa simplemente por hablar de ciertos temas que no eran muy gratos para nuestras autoridades, o el de Falcón, el caricaturista, otrora del Informador, que fue despedido de dicho conservador periódico cuando se le ocurrió la jocosa idea de dibujar al Cardenal Juan Sandoval Íñiguez como si fuera un pez bagre. Muchos ejemplos pueden salir, pero no cabrían todos, y sólo nos damos cuenta de que, en México, la libertad no existe; ¿libertad es tener tu casa y tu familia feliz, sin aparentes problemas? Quizás podría, pero también lo es el poder opinar libremente sin temor a ser ajusticiado. En México no existe la libertad de prensa, ni la de culto, aún recuerdo que durante mis años de secundaria uno de mis compañeros de salón fue expulsado de la escuela por ser testigo de Jehová, (y esas autoridades son las que nos educaron).
Ahora resulta que no podemos hablar de política si no estamos afiliados a algún partido. Si algo caracteriza a nuestro país, es el hecho de que, quizás no actuemos mucho o muy seguido, pero cómo nos gusta quejarnos, (es parte del folclor). ¿Eso quiere decir que luego sólo podrán hablar de fútbol los jugadores y directivos? ¿Sólo podrán opinar de arte los artistas? Claro que de pintura sólo los pintores, de música sólo los músicos, etc, etc. ¿Yo sólo podré opinar abierta y libremente de cine e historia, que son las dos carreras que he cursado?, ¿acaso me dormí un día y desperté 500 años en la antigüedad, y en Europa? Luego no sólo no podremos hablar de política, luego dirán que no podemos opinar sobre religión, sobre sociedad, sobre cultura, sobre ciencia, sobre televisión; controlarán lo que vemos y decimos, y al que viole las reglas a la congeladora. Puede sonar esto un poco exagerado, como una película barata de ciencia ficción o un capítulo de la dimensión desconocida, pero si esta ley se queda en definitiva, créanme que estaremos más cerca de “1984” de George Orwell (recomendable leerlo), que de la “Isla de la fantasía” que es donde nos han hecho creer que vivimos.
No se, bien, si esto sea definitivo, pero por el momento hay que disfrutar de nuestra libertad de expresión, que al menos es real y justa dentro de nuestra cabeza, si no fuera así, sería una forma de autocensura, y no hay peor cosa que traicionarse a uno mismo.

Nos vemos.

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